Cuando era muy joven y trabajaba como docente concurrí a unas Jornadas de Educación, en Ramos Mejía, donde conocí a quien fuera la creadora del Club de Narradores, Dora Pastoriza de Etchevarne en 1960.
El objetivo era rescatar la palabra como forma de acercamiento al libro.
Así pude descubrir en qué consiste narrar.
Narrar es una actividad que se hace con artesanía, con afecto, trabajo, y mucha búsqueda... es una armado que se torna arte, y finalmente un oficio.
Entendí que el hacer teatro, brinda la posibilidad, de que la expresión oral elaborada, permite trasmitir como hechos reales lo que se relata y que los oyentes pueden visualizar... solo a través de la voz del narrador.
Pude sentir en la escuela, con los chicos, cuando el silencio con la presencia que me rodeaba, me daba la pauta de lo importante que era lograr la atención e interés por los cuentos.
Es por eso que este oficio se puede desarrollar en la escuela, en bibliotecas, en reuniones de amigos en cualquier espacio en que la gente quiera escuchar... porque genera entre todos un clima de acercamiento diferente a otras actividades.
Siempre creí en el valor de los cuentos y por eso los usé como disparadores del tema del día en mis programas de T.V. y de Radio.
Tengo aún en mis recuerdos las caritas de los chicos , en el 60, de mi programa de T.V., para el Ministerio de Educación, escuchando muy prendidos un cuento.
momentos inolvidables !
Aún hoy me emociona ver los rostros de quienes escuchan.
Es un dar...y recibir tanto... totalmente invalorable.
El narrador debe tener ganas de comunicarse con otros a través de la palabra y ganas de poder crear un mundo de imágenes y sumergirse en él.
Si no se está inmerso en lo que se cuenta, el otro no lo ve.
Es algo mágico difícil de explicar el porqué, pero estando convencido de querer narrar, se puede percibir cuán cerca está el público que nos acompaña.
Es ahí cuando descubro que el silencio nos habla.
martes, 15 de julio de 2008
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